Precisamente porque algunos podrían pensar que es una salida demasiado
simplista, hay que advertir que la importancia de los conceptos centrales es
grande. Y que no podemos ver
simplistamente.
La mayor parte de las disciplinas y teorías existentes que han abordado
la disgrafia, no sólo definen el concepto de DISGRAFIA sino que incluyen además
el fenómeno con sus causas y sus consecuencias.
De este modo, aparecen
definiciones radicalmente diferentes, incompatibles entre sí, y por ello, nos
ponen ante disyuntivas imposibles cuando se trata de decidir cómo las
diagnosticamos y cómo vamos a intentar rehabilitarlas.
Una mirada rápida:
Los neurólogos insisten en que el origen de las disgrafias es un daño
cerebral. Este daño ocasionaría “perturbaciones neurológicas”, y éstas, a su
vez, producirían “dificultades de aprendizaje” que …..SE EXPRESAN en el ámbito de la
manuscritura. Quedémonos por ahora con
el elemento central: las disgrafias se originan en daños
cerebrales-neurológicos.
A partir de la anterior premisa, es evidente que el diagnóstico deberá
constatar la presencia de daños y perturbaciones neurológicas,….. porque de lo
contrario, estaríamos fuera de las disgrafias si aplicamos la definición que
ellos mismos nos ofrecen. Adicionalmente,
las rehabilitaciones tendrían que hacer desaparecer esos daños y
perturbaciones, y entonces, presumiblemente, se acabarían las dificultades de
aprendizaje y se rehabilitaría la
manuscritura.
Especialistas de las corrientes cognitivistas sociales se están tomando
de planteamientos de Vygotsky para sostener que, en la disgrafia, estamos ante
entrabamientos en las rutas que conectan los procesos del Pensamiento con los
del Lenguaje. No afirman ni niegan la
posibilidad de causas cerebrales-neurológicas, pero podríamos decir que las
relativizan; cuando menos, podría haber rehabilitaciones sin que se aplique
intervenciones a niveles cerebrales.
Desde estas corrientes, se suele trabajar con tests de desempeño; la
ejecución de la tarea con los errores que contenga, es vista como el mejor
indicador diagnóstico y, posteriormente, ese desempeño conector de Pensamiento
y Lenguaje es lo que se quiere rehabilitar.
En algunas perspectivas psicológicas y psicopedagógicas se ha entendido
desde hace varias décadas que la disgrafia se origina en "dificultades
específicas de aprendizaje". El
diagnóstico debe focalizar en las dificultades para aprender y debe superarlas
con su rehabilitación. Hay que dominar esos problemas de aprendizaje; una vez
resueltos, la persona re-aprendería a escribir bien.
En las perspectivas más fuertemente pedagógicas, se suele entender que
la disgrafia es un “escribir mal” que puede controlarse y superarse ofreciendo
ya sea más oportunidades de aprendizaje (reforzamientos) o la oportunidad de
hacer un aprendizaje distinto al intentado inicialmente. En caso de lograrse
estas metas, la persona disgráfica habría re-aprendido el correcto desempeño de
su manuscritura.
Quizás podríamos hacer un recuento más largo y mencionar más perspectivas.
Por ahora queremos concluir con nuestra perspectiva, que enfatiza los criterios
ergonómicos del trabajo de manuscritura realizado. La disgrafia sería una serie de efectos
dañinos originados por una práctica anti-ergonómica de escritura, la que
estaría siendo inducida o permitida por la actual pedagogía de manuscritura
practicada en muchos establecimientos educacionales. Así entendida, la
disgrafia es un conjunto de malas prácticas anti-ergonómicas en el trabajo
motriz de la manuscritura. Detengamos
aquí este recuento.
Tenemos entonces:
Disgrafia como daño cerebral-perturbación neurológica.
Disgrafia como atascamientos en las rutas conectoras de Pensamiento y
Lenguaje.
Disgrafias como dificultades en el Proceso de Aprendizaje.
Disgrafia como consecuencia de un aprendizaje insuficiente que puede
reforzarse.
Disgrafia como trabajo motriz disergonómico que arrastra secuelas
negativas.
Imaginemos que estamos ante un niño escolar con disgrafia, y que hemos
consultado a cinco especialistas diferentes, y que esto es lo que ellos nos
ofrecen como diagnóstico del problema y como necesidad de rehabilitación. ¿QUÉ
PUEDE HACERSE si cinco especialistas nos sugieren problemáticas y vías de
rehabilitación tan dispares?. Por
angas o por mangas, terminaremos eligiendo UNA de estas perspectivas, pero
elegirla nos obliga a tener criterios para hacerlo. ¿Con qué criterios cree
Usted que podríamos intentar resolver nuestro problema?. Ciertamente, nuestras probabilidades son
pobres: al darle la razón a una de estas perspectivas, se la negamos a las
otras cuatro.
Esta es la idea medular que queríamos exponer: necesitamos CRITERIOS
para diferenciar entre los distintos tipos de disgrafias y necesitamos
reconocer los principales rasgos de cada una de ellas, de modo que cuando
tengamos que enfrentarnos a una de ellas, tengamos elementos para ver qué
perspectiva de abordaje pudiéramos usar que nos resulte más útil para sacar ese
caso adelante.
Como especialista focalizado en lo motriz-ergonómico, a mí no me sirven
de nada las imagenologías cerebrales de los neurólogos, y a la inversa, a ellos
suelen tenerlos sin cuidado mis opiniones sobre una motricidad
disergonómica. De manera que no basta
con decir que necesitamos ciertos criterios diagnósticos bien especiales. Necesitamos tener meta-criterios que nos
orienten en la elección de criterios que podemos aplicar adecuadamente en
ciertas circunstancias y no en otras.
Se debe entender, entonces, que diagnosticar disgrafias no es una
cuestión sencilla que pueda reducirse a medir un par de variables en las que
todo el mundo está de acuerdo; no es así. Partimos entrabados por el problema
de que hay definiciones contrapuestas que, eventualmente, se aplican bien a
algunos casos y no tanto a otros.
Revisaremos unos cuántos indicadores potenciales de disgrafia; pero
también necesitamos hacer una importante reflexión sobre los criterios que
subyacen a muchos indicadores.
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